Qué es la fotografía de glamour

glamourCreo que “glamour” es una palabra de la que se abusa mucho en fotografía, la mayor parte de las veces para decir “quiero hacer fotos de desnudo, pero no quiero que pienses que soy un salido”. Así que si en lugar de decir “desnudo” dicen “glamour”, la cosa queda como más artística.

El problema es que el glamour no tiene nada que ver con el desnudo, sino con lo inalcanzable. El glamour es lo selecto, lo elitista, aquello a lo que aspiras pero no puedes llegar porque está fuera de tu mundo. Para mí la mejor foto de glamour es un retrato de Marilyn Monroe. Y es un retrato, no se ve nada más que su rostro. Pero vaya rostro y vaya foto.

Para entender la connotación que debe tener el glamour, debes pensar en las fotos que se hacían las estrellas de cine en la época dorada de Hollywood, en la primera mitad del S.XX, cuando estrellas como Vivien Leight o Veronica Lake aparecían en las revistas de sociedad idealizadas con trajes rutilantes de lentejuelas. Esa imagen, que precisamente se asociaban a algo conocido como el “glamour de Hollywood” retratan una existencia alejada de lo cotidiano, de lo terrenal. Las estrellas eran casi dioses a los que se adoraba en la distancia.

La actitud de la modelo en el glamour debe ser la de distanciamiento o desdén. A diferencia del boudoir, la modelo puede ser consciente de que el observador existe, pero le da lo mismo. Es como si no estuviera ahí o como si le proporcionase un placer perverso provocarle. Helmut Newton es un fotógrafo de glamour excepcional, ya que retrata como nadie ese aura de “distanciamiento”.

Otro elemento que ayuda a distinguir el glamour de otras “ocurrencias” es que siempre es elegante. Como decía alguien “el glamour no consiste en ser percibido, sino en ser recordado”. Mira de nuevo el retrato de Marilyn que he incluido un poco más arriba y piensa que esa mirada, ese gesto, es inmortal. Marilyn será siempre recordada en sus encarnaciones de rubia peligrosa o tontuela en Niágara o Los Caballeros las Prefieren Rubias. Marilyn es glamour, así de fácil. Y no hace falta que enseñe nada de su cuerpo con sensualidad o lascivia para conseguirlo.

Entonces ¿puede un desnudo ser glamour? Por supuesto, no hace falta más que echar un vistazo a las producciones de Playboy de los años 80 y 90 para ver estupendos desnudos de glamour. Porque esos reportajes en villas y entornos de ensueño, esos muebles, esas luces, son todo el retrato de una existencia ideal y lejana, pero no porque la modelo esté desnuda, sino porque posa en un entorno idealizado al que la mayoría de las personas no podrán acceder jamás.

En esta sección encontrarás algunas ideas de glamour. Puedes ver más si visitas el tablero de Pinterest con el enlace que hay al final. Si quieres consultarme cualquier cosa relacionada con este concepto, envíame un mensaje a través del formulario de contacto.


  • Sensuality sensual sexy girl woman model legs Alexey-Slesarev skirt denim shirt barefoot chair sitting wallpaper | 2000x1125 | 1109934 | WallpaperUP
  • 6 cd
  • Izabel Goulart in Emporio Armani with Giorgio Armani clutch
  • www.VivaLaVery.com
  • StromePhoto
  • Nicole Rose
  • Emily Blunt
  • #dreamimgofmodels by @gert.o.photo
  • Elizabeth Debicki
  • Elizabeth Debicki
  • Elizabeth Debicki
  • Elizabeth Debicki
Follow Me on Pinterest

Dos preguntas sencillas para saber si un curso de fotografía merece la pena

Tengo alumnos que de vez en cuando me preguntan sobre qué opino de tal o cual curso y qué criterio pueden seguir para saber si merece la pena. Uno de los puntos sobre el que siempre les llamo la atención es que si en la publicidad del curso se pone “impartido por tal persona” que intenten evitarlos.

Creo que la formación en fotografía tiene dos grandes problemas. El primero es que muchos fotógrafos que se habían acostumbrado a vivir bien con la prensa, se han encontrado en los últimos años con una situación de pérdida de ingresos importante. ¿Cómo solucionarlo? ¡Dando clases! Lo malo es que esta gente en realidad no sabe dar clase y de hecho no da clase. Cada vez que veo una convocatoria de “Taller de iluminación impartido por Fulanito” ya sé que no es un curso, sino un cónclave de adoradores de Fulanito. No van a aprender, sino a adorarle. Y él no va a enseñar, sino a que le adoren.

Si estás buscando un curso, ten en cuenta que lo más importante de la formación no es quien lo imparte, sino quien lo recibe. Es decir, el objetivo no es reconocer que tal o cual fotógrafo lo hace muy bien, sino que cuando termines las 4, 8 o 20 horas que dura el curso seas tu el que ha conseguido aprender una técnica con la que pueda realizar sus propias fotos.

Podrías decirme que es importante tener buenos formadores y estoy de acuerdo. Si la publicidad hiciese referencia al formador porque consigue que los alumnos hagan buenas fotos me parecería genial, pero no es este el señuelo que se suele utilizar. El anuncio no se basa en los resultados que consiguen los alumnos, sino en el supuesto prestigio o éxito que tiene el que lo imparte. Es decir, vas a una ceremonia de adulación y pagas entrada por ello. El muestrario de fotos que pueda enseñarte el formador de un curso no debe servir para que le adules, sino para que él te demuestre que entiende la técnica que pretende enseñar.

¿Entonces no hay nada que aprender de los demás? Por supuesto, constantemente. Yo no dejo de fijarme en el trabajo de otros fotógrafos y de preguntarme cómo rayos conseguirán tal iluminación o cierta variedad de poses. Pero en mi experiencia los fotógrafos más profesionales son los más discretos y si hablan de su técnica es de forma muy excepcional. Suelen estar más ocupados en su trabajo que en buscar el reconocimiento o la adulación de los demás.

El segundo problema es que muchos de los “fotógrafos” que dan cursos y talleres hoy en día tienen poco que enseñar. La fotografía es el arte y técnica de recoger imágenes duraderas mediante la captación de la luz, que es distinto a la ilustración. Y poco tenemos que aprender sobre fotografía de alguien que no tiene ni idea de cómo usar un fotómetro o que no sabe lo que es la temperatura de color.

Vivimos en una época en la que la gente no sólo es alérgica a la crítica sino también al esfuerzo a largo plazo. Conseguir entender la luz o cómo trabajar con ella son cuestiones muy complicadas, que llevan años de trabajo, pruebas y estudio. La gente hoy no quiere dedicar años a nada. Lo que se quiere es coger cualquier cámara, disparar y conseguir la aprobación y adulación inmediata de los demás, esos comentarios absurdos que leemos en redes sociales en los que juicios superficiales quedan rematados por la palabreja “fotón”, aplicada a imágenes horrorosas.

Pregúntate para qué haces fotos. ¿Para expresar tu creatividad o para conseguir el reconocimiento de los demás? Casi siempre le digo a mis alumnos que fotógrafo es el que pasea por la calle y, de vez en cuando, siente la irresistible necesidad de parar y captar un rincón, un momento, una luz con lo que tiene a mano. Hace años era con una cámara de película y hoy es a menudo con el móvil y tan buenas son unas como otras, porque en fotografía la técnica es secundaria. Lo importante es la visión del mundo que tu aportas con los medios a tu alcance. La formación es lo que haces para conseguir dominar, poco a poco, esa técnica.

Claro, es un camino largo. Es mucho más fácil disparar a cualquier cosa y conseguir un resultado efectista con el filtro “guevings” de Instagram o 14 capas de efectos en Photoshop. Si me dijeses que esa imagen es la que tenías en la cabeza ANTES de disparar, me parecería perfecto que utilizases todos los medios a tu alcance para conseguirla, incluídos filtros y capas de Photoshop. Pero, ya hablaremos de esto en otra ocasión.

De momento, déjame que resuma estas reflexiones en dos ideas muy sencillas. ¿Cómo puedes saber si un curso merece la pena? Hay dos preguntas muy sencillas que puedes hacerte:

  • Primero, ¿la convocatoria propone una técnica o un conocimiento que va a ayudarme a mejorar mis resultados? Si es así, adelante. Si no es así, si el objetivo del curso o taller es cualquier otra cosa que no sea que TU mejores tus resultados, déjalo de lado. Hay muchas exposiciones a las que puedes ir para aprender más fotografía que en muchos de esos cónclaves de aduladores.
  • Segundo, ¿el ponente te demuestra mediante su portafolio que controla la técnica de la que habla? Analizar el trabajo de un fotógrafo es complicado, pero hay detalles en los que puedes fijarte. El más fácil es tratar de buscar su sitio web o su página profesional y ver si de forma consistente consigue, una y otra vez, buenos resultados en esa técnica. Si el portafolio se extiende sólo unos pocos meses atrás o tiene demasiadas variaciones, no sigas.

No tienes ninguna garantía de que un formador sea bueno o malo por adelantado, ni siquiera las críticas de otros, que pueden estar basadas en su afinidad personal o en criterios distintos a los tuyos. Pero con esas dos cuestiones que te planteo puedes decidir si asistes por las razones correctas: tu mejora continua como fotógrafo.

La innecesaria sexualización del fitness

Algo raro está pasando cuando un día te sorprendes torciendo el gesto al ver otro de esos vídeos de porno-fitness, en el que una chica con escasa ropa hace como que da consejos de fitness y nutrición, mientras menea el trasero con un culotte tan ajustado que apenas puede doblarse.

Que hay una cierta relación entre el fitness, el marketing y el abuso de la imagen femenina no es algo nuevo ni es de ahora. Ya en los años 80 y 90 se produjo un “boom” de un cierto tipo de porno-fitness “light”, con decenas de vídeos en formato VHS en los que algunas modelos y actrices conocidas nos daban clase desde el televisor con unas mallas bien ajustadas. Denise Austin o Jane Fonda son mujeres que se han hecho de oro vendiendo este tipo de producciones y a veces te preguntas si el público al que estaban destinadas era más masculino que femenino, dado el diseño, la indumentaria y los primeros planos que solían tener.

Pero es que abro el correo, me llegan las actualizaciones de YouTube y veo un primer plano de una chica de poco más de 20 años, que con el pretexto de mostrar cómo se hace un ejercicio de glúteos, nos muestra con todo detalle la anatomía de sus piernas, desde todos los ángulos posibles. Alguien decía que es difícil definir el mal gusto, pero que sabía reconocerlo cuando lo veía. Mira la imagen de portada de este artículo y dime si no tienes una cierta sensación de que “se han pasado”, de que esto empieza a dejar de ser un vídeo de fitness y empieza a parecerse a un vídeo porno de mal gusto. Quizás sea muy fuerte decir “porno”, pero que hay más de erotismo y sexualización que de ejercicio no me cabe la menor duda.

Todo esto me viene a la cabeza porque en estos días estoy teniendo algunas reuniones con una modelo para definir su imagen profesional, como parte de su campaña de marketing. Tanteábamos la posibilidad de incluir el perfil de bikini-fitness en su repertorio de trabajo, pero me comentaba el temor de que eso pudiera perjudicarla en su carrera a largo plazo, ya que su verdadero objetivo es el mundo de la interpretación.

20160414-porno-fitness-1Claro, yo pienso en “bikini-fitness” y me vienen a la cabeza un montón de imágenes de mujeres bonitas y atractivas. Incluso puedo aceptar que haya una cierta sensualidad en muchas de las poses que solemos ver en este sector, pero no veo en ello nada malo. En ese momento me doy la vuelta, veo el precioso reportaje que sacó la revista Shape en noviembre de 2015, con fotografías de Sarah Kehoe, y me doy cuenta del problema que tenemos delante.

Que hay un proceso de “sexualización” del deporte femenino, es algo evidente de lo que se está empezando a hablar mucho. En los últimos meses he leído artículos en este sentido en blogs, como fitnesslibre.com, o medios más organizados, como el huffingtonpost.com. Que este proceso afecta a las modelos y atletas que se acercan a estas áreas de trabajo, es inevitable. Pero ¿dónde está el límite entre retratar o trabajar con una modelo para mostrar un cuerpo en buena forma y abusar de la sensualidad femenina?

Mira de nuevo la imagen de apertura. La modelo se llama Amber Nimedez y se define a sí misma como terapeuta especializada en fitness funcional y alineamiento (lo que sea que signifique eso). También ha sido Miss Fitness de las islas Hawai y trabaja como modelo de bikini. Todo perfecto. Pero ¿de verdad que la mejor forma de enseñar unos ejercicios de estiramiento es ponerse con el culo en pompa, un culotte de una talla menor a la tuya y abrir las piernas para enseñar lo que los americanos llaman “cameltoe” (las jorobas) o por aquí llamamos “el hachazo”? ¿No había un enfoque mejor? ¿No hay algo más didáctico?

La serie “Big Booty Workout Challenge” del canal Bikini Model Fitness en YouTube tiene una gran popularidad y es más de lo mismo. Semana tras semana se explaya en enseñarnos cómo hacer ejercicio de glúteos con modelos descalzas que llevan la braguita por la mitad del cachete.

Que el deporte es sexy, nadie lo duda. Hay un encanto animal en ver a una persona, ya sea hombre o mujer, bien formado, ligeramente musculado, en forma y capaz de realizar ejercicios físicos de cierta exigencia. Y no hay nada malo en ello, forma parte de nuestra belleza como seres humanos. Creo que el trabajo que hace la revista bodybuilding.com año tras año con su especial “Bodies of Work” es una preciosidad de trabajo sobre el desnudo artístico, con varios atletas de ambos sexos. Y me encanta el trabajo de modelos consagradas como Jamie Eason o Janet Layug.

No vamos a poder parar esto, entre otras cosas porque no “hace falta” pararlo. Cada cual es libre de hacer lo que le dé la gana. Puede que sea de mal gusto, pero no por eso hay que perseguirlo o censurarlo. Lo que sí puedo hacer desde mi página es usar la misma libertad de expresión para defender que una mujer puede ser fitness, puede ser bonita o sensual, puede ser modelo sin necesidad de abrir las piernas y mostrar el “hachazo”.

Esto no quiere decir que tenga nada en contra de las modelos eróticas o de desnudo. Es un trabajo perfectamente válido y si alguien me pidiese consejo sobre cómo orientar su carrera en ese sentido, se lo daría con la misma eficacia e interés que cuando me preguntan cómo ser modelo de pasarela. Pero por alguna razón me produce un cierto malestar esta tendencia. ¿Modelo de fitness? Perfecto. ¿Modelo de desnudo? Perfecto. ¿Modelo de bikini? Perfecto. ¿Modelo erótica? Perfecto. No estoy hablando de caminos prohibidos en tu carrera, sino de buen gusto. Como digo a menudo desde estas líneas, no es el desnudo lo que te va a perjudicar, sino la vulgaridad. Y estas cosas… definitivamente no son de buen gusto.