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Vagina y pornografía no son lo mismo

Cuando era chaval tuve una amiga en los Boy-Scouts que había sido violada por su padre sistemáticamente en su infancia y adolescencia. Era una chica simpática e inteligente que, con el tiempo, desarrolló un auténtico odio a los hombres. Como resultado de su experiencia me contaba un día que, de niña, había percibido por todas partes que debía avergonzarse de su vagina: era algo sucio, que debía esconderse, un pecado que provocaba a los hombres empezando por su padre. Y me decía entristecida: «me gustaría encontrar la forma de verla como algo bonito».

No entiendo la ola de estupidez ultra-puritana que nos invade en muchos sentidos. El cuerpo de la mujer es objeto de debates encendidos sobre lo que puede o no puede mostrar, sobre lo que es o no vergonzoso. Su simple exhibición ya se considera vulgar y despreciable en la mayoría de las redes sociales y dios te libre de poner una foto un poco explícita en cualquier sitio, ya que serás blanco de todo tipo de insultos. No suelo entrar en debates en foros y redes por el nivel de fanatismo y agresividad que se han instaurado en el debate público, pero me basta con observar el castigo al que se somete a los transgresores para indignarme.

Hace poco un fotógrafo argentino tuvo la audacia de compartir una foto en la que mostraba la entrepierna de una modelo con las braguitas puestas, con un gesto de la mano ligeramente provocador. Otro fotógrafo, Alex Halo, publicaba la foto de una modelo con una lámpara de pie entre las piernas. Ni siquiera era una posición fálica; sólo se trataba de mostrar el claroscuro de la lámpara. No me gustó ninguna de las dos fotos desde el punto de vista técnico; les encuentro fallos de mayor o menor gravedad, pero bueno… estamos todos para aprender y entiendo que son ejercicios, ideas, proyectos personales que reflejan la inquietud de cada uno. Más honrados que muchos «genios» que tienen incluso peor técnica y van de maestros y gurús por las redes sociales.

Lo importante de estos dos casos ha sido la avalancha de improperios, insultos, descalificaciones y juicios de valor que se ha vertido sobre ellos. «Cerdo», «machista», «vomitivo», «tendrían que castrarte». Estos comentarios salen de ambos sexos y parece que se pelean en una especie de concurso integrista, a ver quién es más «progre» y políticamente correcto.

Hay varias facetas en este problema. La primera es la social, claramente discutible. Nuestra sociedad occidental ha satanizado el cuerpo femenino de tal forma que mostrarlo es mucho más ofensivo e intolerable que los cientos de películas, vídeos y fotografías de asesinatos, descuartizamientos y torturas que vemos a diario. Pon un vídeo de un suicidio en Facebook y tardarán semanas en quitarlo. Pon la foto de una vagina y te lloverán las denuncias, amenazas, bloqueos e insultos en poco menos de una hora.

La segunda es la personal. Esa amiga mía me lo decía a las claras: ¿no hay forma de mostrar la vagina de la mujer de una forma que sea bonita, que haga que se sienta cómoda con su propia naturaleza? He conocido modelos que se avergonzaban de los dedos de los pies porque pensaban que eran regordetes, como «porras». Y puedo entender esas pequeñas manías. Pero que la mitad de la sociedad tenga un rechazo sistemático a una parte de su cuerpo por el trauma social impuesto, me resulta incomprensible.

La tercera es la estética. Sacar una colección de fotos de una modelo meándose en un crucifijo es el colmo de la modernidad y puede contar incluso con subvenciones administrativas. Decenas de mediocres consiguen notoriedad sobre su obra recurriendo al sencillo truco de denigrar la religión de otros. Sacar fotos de la misma modelo simplemente desnuda, mostrando su anatomía con más o menos detalle no merecería la misma alabanza o apoyo institucional. Es decir, aquellos que gritan reclamando dignidad para la mujer y el fin de la sexualización de su cuerpo aceptan dicha sexualización si permite avergonzar al contrario, pero no sí el fin es el desnudo en sí mismo.

Una foto puede ser terrible sin mostrar nada y maravillosa mostrándolo todo. Estoy aburrido y harto de esta moralina barata que refuerza el tabú social sobre el cuerpo femenino. Entre mis proyectos editoriales los hay de muchos tipos: ilustración, arte corporal, imagen comercial… y erótica. Llevo año y medio, por ejemplo, estudiando ejemplos en el trabajo de otros, en pinacotecas, en foros, en cualquier sitio sobre erotismo y comida. ¿Sabes lo complicado que es fotografiar el momento en que una persona seduce a su pareja con un juego sexual basado en la comida? La luz, la piel, la comida, la actitud, el detalle… es todo complicadísimo.

Pero lo que tengo claro es que eso forma parte de nuestra vida real. ¿Quién no ha chupeteado un hilo de miel, nata o chocolate del hombro de su pareja, de sus dedos o ha compartido un beso al final de un espaghetti con tomate? ¿Quién no ha subido por los muslos de su pareja hasta terminar en un beso apasionado? Una sociedad avanzada aceptaría esto con normalidad, en lugar de demonizarlo. Ensalzamos la masacre humana y la llevamos a los primeros puestos de la taquilla en los cines, pero condenamos la sexualidad a la vergüenza de habitaciones cerradas.

El arte refleja nuestra inquietudes y si la sexualidad forma parte de nuestras vidas es lógico que los artistas tengan una visión sobre ello. El fotógrafo, pintor o ilustrador tiene derecho a tratar de encontrar esa imagen sin sufrir la condena social. El problema no es suyo por centrar su atención en una parte de nuestra anatomía. Es tuyo si no consigues verlo con normalidad. Eres tu el que tiene un trauma si como tío eres tan hipócrita de babear por besar el cuerpo de tu pareja y reniegas en público de su belleza. Eres tu la que tiene un trauma si como tía no puedes mirarte a ti misma sin sentir asco y rechazo.

Como decía mi amiga, «tiene que haber una forma de que vea lo bonita que es mi vagina».

 

Nota: La fotografía que ilustra este artículo está sacada del proyecto «Your Vagina is More Beautiful Than You Think» de la sexóloga Layla Martin, en el que intenta mostrar la paradoja del rechazo que sienten las mujeres. El objetivo es que recuperen una valoración estética de su propio cuerpo que la sociedad les ha enseñado a rechazar. Puedes ver más detalles en este enlace:

Your Vagina is More Beautiful Than You Think

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