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La innecesaria sexualización del fitness

Algo raro está pasando cuando un día te sorprendes torciendo el gesto al ver otro de esos vídeos de porno-fitness, en el que una chica con escasa ropa hace como que da consejos de fitness y nutrición, mientras menea el trasero con un culotte tan ajustado que apenas puede doblarse.

Que hay una cierta relación entre el fitness, el marketing y el abuso de la imagen femenina no es algo nuevo ni es de ahora. Ya en los años 80 y 90 se produjo un “boom” de un cierto tipo de porno-fitness “light”, con decenas de vídeos en formato VHS en los que algunas modelos y actrices conocidas nos daban clase desde el televisor con unas mallas bien ajustadas. Denise Austin o Jane Fonda son mujeres que se han hecho de oro vendiendo este tipo de producciones y a veces te preguntas si el público al que estaban destinadas era más masculino que femenino, dado el diseño, la indumentaria y los primeros planos que solían tener.

Pero es que abro el correo, me llegan las actualizaciones de YouTube y veo un primer plano de una chica de poco más de 20 años, que con el pretexto de mostrar cómo se hace un ejercicio de glúteos, nos muestra con todo detalle la anatomía de sus piernas, desde todos los ángulos posibles. Alguien decía que es difícil definir el mal gusto, pero que sabía reconocerlo cuando lo veía. Mira la imagen de portada de este artículo y dime si no tienes una cierta sensación de que “se han pasado”, de que esto empieza a dejar de ser un vídeo de fitness y empieza a parecerse a un vídeo porno de mal gusto. Quizás sea muy fuerte decir “porno”, pero que hay más de erotismo y sexualización que de ejercicio no me cabe la menor duda.

Todo esto me viene a la cabeza porque en estos días estoy teniendo algunas reuniones con una modelo para definir su imagen profesional, como parte de su campaña de marketing. Tanteábamos la posibilidad de incluir el perfil de bikini-fitness en su repertorio de trabajo, pero me comentaba el temor de que eso pudiera perjudicarla en su carrera a largo plazo, ya que su verdadero objetivo es el mundo de la interpretación.

20160414-porno-fitness-1Claro, yo pienso en “bikini-fitness” y me vienen a la cabeza un montón de imágenes de mujeres bonitas y atractivas. Incluso puedo aceptar que haya una cierta sensualidad en muchas de las poses que solemos ver en este sector, pero no veo en ello nada malo. En ese momento me doy la vuelta, veo el precioso reportaje que sacó la revista Shape en noviembre de 2015, con fotografías de Sarah Kehoe, y me doy cuenta del problema que tenemos delante.

Que hay un proceso de “sexualización” del deporte femenino, es algo evidente de lo que se está empezando a hablar mucho. En los últimos meses he leído artículos en este sentido en blogs, como fitnesslibre.com, o medios más organizados, como el huffingtonpost.com. Que este proceso afecta a las modelos y atletas que se acercan a estas áreas de trabajo, es inevitable. Pero ¿dónde está el límite entre retratar o trabajar con una modelo para mostrar un cuerpo en buena forma y abusar de la sensualidad femenina?

Mira de nuevo la imagen de apertura. La modelo se llama Amber Nimedez y se define a sí misma como terapeuta especializada en fitness funcional y alineamiento (lo que sea que signifique eso). También ha sido Miss Fitness de las islas Hawai y trabaja como modelo de bikini. Todo perfecto. Pero ¿de verdad que la mejor forma de enseñar unos ejercicios de estiramiento es ponerse con el culo en pompa, un culotte de una talla menor a la tuya y abrir las piernas para enseñar lo que los americanos llaman “cameltoe” (las jorobas) o por aquí llamamos “el hachazo”? ¿No había un enfoque mejor? ¿No hay algo más didáctico?

La serie “Big Booty Workout Challenge” del canal Bikini Model Fitness en YouTube tiene una gran popularidad y es más de lo mismo. Semana tras semana se explaya en enseñarnos cómo hacer ejercicio de glúteos con modelos descalzas que llevan la braguita por la mitad del cachete.

Que el deporte es sexy, nadie lo duda. Hay un encanto animal en ver a una persona, ya sea hombre o mujer, bien formado, ligeramente musculado, en forma y capaz de realizar ejercicios físicos de cierta exigencia. Y no hay nada malo en ello, forma parte de nuestra belleza como seres humanos. Creo que el trabajo que hace la revista bodybuilding.com año tras año con su especial “Bodies of Work” es una preciosidad de trabajo sobre el desnudo artístico, con varios atletas de ambos sexos. Y me encanta el trabajo de modelos consagradas como Jamie Eason o Janet Layug.

No vamos a poder parar esto, entre otras cosas porque no “hace falta” pararlo. Cada cual es libre de hacer lo que le dé la gana. Puede que sea de mal gusto, pero no por eso hay que perseguirlo o censurarlo. Lo que sí puedo hacer desde mi página es usar la misma libertad de expresión para defender que una mujer puede ser fitness, puede ser bonita o sensual, puede ser modelo sin necesidad de abrir las piernas y mostrar el “hachazo”.

Esto no quiere decir que tenga nada en contra de las modelos eróticas o de desnudo. Es un trabajo perfectamente válido y si alguien me pidiese consejo sobre cómo orientar su carrera en ese sentido, se lo daría con la misma eficacia e interés que cuando me preguntan cómo ser modelo de pasarela. Pero por alguna razón me produce un cierto malestar esta tendencia. ¿Modelo de fitness? Perfecto. ¿Modelo de desnudo? Perfecto. ¿Modelo de bikini? Perfecto. ¿Modelo erótica? Perfecto. No estoy hablando de caminos prohibidos en tu carrera, sino de buen gusto. Como digo a menudo desde estas líneas, no es el desnudo lo que te va a perjudicar, sino la vulgaridad. Y estas cosas… definitivamente no son de buen gusto.

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