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Dos preguntas sencillas para saber si un curso de fotografía merece la pena

Tengo alumnos que de vez en cuando me preguntan sobre qué opino de tal o cual curso y qué criterio pueden seguir para saber si merece la pena. Uno de los puntos sobre el que siempre les llamo la atención es que si en la publicidad del curso se pone «impartido por tal persona» que intenten evitarlos.

Creo que la formación en fotografía tiene dos grandes problemas. El primero es que muchos fotógrafos que se habían acostumbrado a vivir bien con la prensa, se han encontrado en los últimos años con una situación de pérdida de ingresos importante. ¿Cómo solucionarlo? ¡Dando clases! Lo malo es que esta gente en realidad no sabe dar clase y de hecho no da clase. Cada vez que veo una convocatoria de «Taller de iluminación impartido por Fulanito» ya sé que no es un curso, sino un cónclave de adoradores de Fulanito. No van a aprender, sino a adorarle. Y él no va a enseñar, sino a que le adoren.

Si estás buscando un curso, ten en cuenta que lo más importante de la formación no es quien lo imparte, sino quien lo recibe. Es decir, el objetivo no es reconocer que tal o cual fotógrafo lo hace muy bien, sino que cuando termines las 4, 8 o 20 horas que dura el curso seas tu el que ha conseguido aprender una técnica con la que pueda realizar sus propias fotos.

Podrías decirme que es importante tener buenos formadores y estoy de acuerdo. Si la publicidad hiciese referencia al formador porque consigue que los alumnos hagan buenas fotos me parecería genial, pero no es este el señuelo que se suele utilizar. El anuncio no se basa en los resultados que consiguen los alumnos, sino en el supuesto prestigio o éxito que tiene el que lo imparte. Es decir, vas a una ceremonia de adulación y pagas entrada por ello. El muestrario de fotos que pueda enseñarte el formador de un curso no debe servir para que le adules, sino para que él te demuestre que entiende la técnica que pretende enseñar.

¿Entonces no hay nada que aprender de los demás? Por supuesto, constantemente. Yo no dejo de fijarme en el trabajo de otros fotógrafos y de preguntarme cómo rayos conseguirán tal iluminación o cierta variedad de poses. Pero en mi experiencia los fotógrafos más profesionales son los más discretos y si hablan de su técnica es de forma muy excepcional. Suelen estar más ocupados en su trabajo que en buscar el reconocimiento o la adulación de los demás.

El segundo problema es que muchos de los «fotógrafos» que dan cursos y talleres hoy en día tienen poco que enseñar. La fotografía es el arte y técnica de recoger imágenes duraderas mediante la captación de la luz, que es distinto a la ilustración. Y poco tenemos que aprender sobre fotografía de alguien que no tiene ni idea de cómo usar un fotómetro o que no sabe lo que es la temperatura de color.

Vivimos en una época en la que la gente no sólo es alérgica a la crítica sino también al esfuerzo a largo plazo. Conseguir entender la luz o cómo trabajar con ella son cuestiones muy complicadas, que llevan años de trabajo, pruebas y estudio. La gente hoy no quiere dedicar años a nada. Lo que se quiere es coger cualquier cámara, disparar y conseguir la aprobación y adulación inmediata de los demás, esos comentarios absurdos que leemos en redes sociales en los que juicios superficiales quedan rematados por la palabreja «fotón», aplicada a imágenes horrorosas.

Pregúntate para qué haces fotos. ¿Para expresar tu creatividad o para conseguir el reconocimiento de los demás? Casi siempre le digo a mis alumnos que fotógrafo es el que pasea por la calle y, de vez en cuando, siente la irresistible necesidad de parar y captar un rincón, un momento, una luz con lo que tiene a mano. Hace años era con una cámara de película y hoy es a menudo con el móvil y tan buenas son unas como otras, porque en fotografía la técnica es secundaria. Lo importante es la visión del mundo que tu aportas con los medios a tu alcance. La formación es lo que haces para conseguir dominar, poco a poco, esa técnica.

Claro, es un camino largo. Es mucho más fácil disparar a cualquier cosa y conseguir un resultado efectista con el filtro «guevings» de Instagram o 14 capas de efectos en Photoshop. Si me dijeses que esa imagen es la que tenías en la cabeza ANTES de disparar, me parecería perfecto que utilizases todos los medios a tu alcance para conseguirla, incluídos filtros y capas de Photoshop. Pero, ya hablaremos de esto en otra ocasión.

De momento, déjame que resuma estas reflexiones en dos ideas muy sencillas. ¿Cómo puedes saber si un curso merece la pena? Hay dos preguntas muy sencillas que puedes hacerte:

  • Primero, ¿la convocatoria propone una técnica o un conocimiento que va a ayudarme a mejorar mis resultados? Si es así, adelante. Si no es así, si el objetivo del curso o taller es cualquier otra cosa que no sea que TU mejores tus resultados, déjalo de lado. Hay muchas exposiciones a las que puedes ir para aprender más fotografía que en muchos de esos cónclaves de aduladores.
  • Segundo, ¿el ponente te demuestra mediante su portafolio que controla la técnica de la que habla? Analizar el trabajo de un fotógrafo es complicado, pero hay detalles en los que puedes fijarte. El más fácil es tratar de buscar su sitio web o su página profesional y ver si de forma consistente consigue, una y otra vez, buenos resultados en esa técnica. Si el portafolio se extiende sólo unos pocos meses atrás o tiene demasiadas variaciones, no sigas.

No tienes ninguna garantía de que un formador sea bueno o malo por adelantado, ni siquiera las críticas de otros, que pueden estar basadas en su afinidad personal o en criterios distintos a los tuyos. Pero con esas dos cuestiones que te planteo puedes decidir si asistes por las razones correctas: tu mejora continua como fotógrafo.

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