Archivos del autor: Tato Morales

Vagina y pornografía no son lo mismo

Cuando era chaval tuve una amiga en los Boy-Scouts que había sido violada por su padre sistemáticamente en su infancia y adolescencia. Era una chica simpática e inteligente que, con el tiempo, desarrolló un auténtico odio a los hombres. Como resultado de su experiencia me contaba un día que, de niña, había percibido por todas partes que debía avergonzarse de su vagina: era algo sucio, que debía esconderse, un pecado que provocaba a los hombres empezando por su padre. Y me decía entristecida: «me gustaría encontrar la forma de verla como algo bonito».

No entiendo la ola de estupidez ultra-puritana que nos invade en muchos sentidos. El cuerpo de la mujer es objeto de debates encendidos sobre lo que puede o no puede mostrar, sobre lo que es o no vergonzoso. Su simple exhibición ya se considera vulgar y despreciable en la mayoría de las redes sociales y dios te libre de poner una foto un poco explícita en cualquier sitio, ya que serás blanco de todo tipo de insultos. No suelo entrar en debates en foros y redes por el nivel de fanatismo y agresividad que se han instaurado en el debate público, pero me basta con observar el castigo al que se somete a los transgresores para indignarme.

Hace poco un fotógrafo argentino tuvo la audacia de compartir una foto en la que mostraba la entrepierna de una modelo con las braguitas puestas, con un gesto de la mano ligeramente provocador. Otro fotógrafo, Alex Halo, publicaba la foto de una modelo con una lámpara de pie entre las piernas. Ni siquiera era una posición fálica; sólo se trataba de mostrar el claroscuro de la lámpara. No me gustó ninguna de las dos fotos desde el punto de vista técnico; les encuentro fallos de mayor o menor gravedad, pero bueno… estamos todos para aprender y entiendo que son ejercicios, ideas, proyectos personales que reflejan la inquietud de cada uno. Más honrados que muchos «genios» que tienen incluso peor técnica y van de maestros y gurús por las redes sociales.

Lo importante de estos dos casos ha sido la avalancha de improperios, insultos, descalificaciones y juicios de valor que se ha vertido sobre ellos. «Cerdo», «machista», «vomitivo», «tendrían que castrarte». Estos comentarios salen de ambos sexos y parece que se pelean en una especie de concurso integrista, a ver quién es más «progre» y políticamente correcto.

Hay varias facetas en este problema. La primera es la social, claramente discutible. Nuestra sociedad occidental ha satanizado el cuerpo femenino de tal forma que mostrarlo es mucho más ofensivo e intolerable que los cientos de películas, vídeos y fotografías de asesinatos, descuartizamientos y torturas que vemos a diario. Pon un vídeo de un suicidio en Facebook y tardarán semanas en quitarlo. Pon la foto de una vagina y te lloverán las denuncias, amenazas, bloqueos e insultos en poco menos de una hora.

La segunda es la personal. Esa amiga mía me lo decía a las claras: ¿no hay forma de mostrar la vagina de la mujer de una forma que sea bonita, que haga que se sienta cómoda con su propia naturaleza? He conocido modelos que se avergonzaban de los dedos de los pies porque pensaban que eran regordetes, como «porras». Y puedo entender esas pequeñas manías. Pero que la mitad de la sociedad tenga un rechazo sistemático a una parte de su cuerpo por el trauma social impuesto, me resulta incomprensible.

La tercera es la estética. Sacar una colección de fotos de una modelo meándose en un crucifijo es el colmo de la modernidad y puede contar incluso con subvenciones administrativas. Decenas de mediocres consiguen notoriedad sobre su obra recurriendo al sencillo truco de denigrar la religión de otros. Sacar fotos de la misma modelo simplemente desnuda, mostrando su anatomía con más o menos detalle no merecería la misma alabanza o apoyo institucional. Es decir, aquellos que gritan reclamando dignidad para la mujer y el fin de la sexualización de su cuerpo aceptan dicha sexualización si permite avergonzar al contrario, pero no sí el fin es el desnudo en sí mismo.

Una foto puede ser terrible sin mostrar nada y maravillosa mostrándolo todo. Estoy aburrido y harto de esta moralina barata que refuerza el tabú social sobre el cuerpo femenino. Entre mis proyectos editoriales los hay de muchos tipos: ilustración, arte corporal, imagen comercial… y erótica. Llevo año y medio, por ejemplo, estudiando ejemplos en el trabajo de otros, en pinacotecas, en foros, en cualquier sitio sobre erotismo y comida. ¿Sabes lo complicado que es fotografiar el momento en que una persona seduce a su pareja con un juego sexual basado en la comida? La luz, la piel, la comida, la actitud, el detalle… es todo complicadísimo.

Pero lo que tengo claro es que eso forma parte de nuestra vida real. ¿Quién no ha chupeteado un hilo de miel, nata o chocolate del hombro de su pareja, de sus dedos o ha compartido un beso al final de un espaghetti con tomate? ¿Quién no ha subido por los muslos de su pareja hasta terminar en un beso apasionado? Una sociedad avanzada aceptaría esto con normalidad, en lugar de demonizarlo. Ensalzamos la masacre humana y la llevamos a los primeros puestos de la taquilla en los cines, pero condenamos la sexualidad a la vergüenza de habitaciones cerradas.

El arte refleja nuestra inquietudes y si la sexualidad forma parte de nuestras vidas es lógico que los artistas tengan una visión sobre ello. El fotógrafo, pintor o ilustrador tiene derecho a tratar de encontrar esa imagen sin sufrir la condena social. El problema no es suyo por centrar su atención en una parte de nuestra anatomía. Es tuyo si no consigues verlo con normalidad. Eres tu el que tiene un trauma si como tío eres tan hipócrita de babear por besar el cuerpo de tu pareja y reniegas en público de su belleza. Eres tu la que tiene un trauma si como tía no puedes mirarte a ti misma sin sentir asco y rechazo.

Como decía mi amiga, «tiene que haber una forma de que vea lo bonita que es mi vagina».

 

Nota: La fotografía que ilustra este artículo está sacada del proyecto «Your Vagina is More Beautiful Than You Think» de la sexóloga Layla Martin, en el que intenta mostrar la paradoja del rechazo que sienten las mujeres. El objetivo es que recuperen una valoración estética de su propio cuerpo que la sociedad les ha enseñado a rechazar. Puedes ver más detalles en este enlace:

Your Vagina is More Beautiful Than You Think

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La molesta duplicidad de Instagram y Facebook

Hace semanas que estoy quitando mucho contactos de Instagram, incluso gente a la que conozco personalmente y con la que quiero seguir en contacto. No es que me caigan mal o que haya perdido el interés por lo que hacen, pero en su política de «control del mundo», Facebook ha hecho que se trate de dos redes sociales redundantes: la vinculación de Instagram a una cuenta de Facebook hace que todo lo que se publica en la primera aparezca en la segunda y es una pesadez.

A ver si me explico bien. Para evitar estar constantemente pendiente de las redes sociales, yo suelo mirarlas en dos o tres momentos concretos del día, especialmente por la mañana a primera hora. Suelo empezar por Instagram, ya que es fácil echar un vistazo en el móvil al tiempo que compruebas mensajes o citas. Vas pasando… ah, mira, éste ha hecho tal cosa, aquel ha hecho la otra… está curioso. Tengo un criterio muy claro para decidir si me gusta o no una foto: o son personales y simpáticas, o son profesionales y hay algo en ellas que me parece digno de mención.

Hasta aquí nada especial. Al cabo de un rato me siento en la mesa de trabajo y repaso otras redes sociales, normalmente para ver mensajes, campañas de marketing o simplemente por el placer de charlar con algunas personas que conozco. Y mira, de repente ves una foto que te suena. Claro, la has visto hace 20 minutos en Instagram. No, pues está chula. Pero claro… ya he dado a «me gusta» en el otro lado. ¿Lo vuelvo a hacer, no lo hago? No, paso… que es redundante.

Pasa el tiempo y otra repetida. Y otra. Y otra… Se convierte en una pesadez. Te entran ganas de dejar de seguir a esa persona en uno de los dos sitios y entonces pienso: ¿cuál es la finalidad de cada una de las redes sociales? ¿Hay que estar presente en todas y distribuir las mismas imágenes y mensajes en todas? ¿Es necesaria esta obsesión por la omnipresencia guay, sin dejar escapar ninguna oportunidad de reforzar una «amistad» virtual dando a «like» en todo lo que ponen tus contactos?

Tengo claro que Facebook es la red social con la que mejor puedo «hablar» con la gente. Es la más cómoda y flexible para escribir comentarios y permite compartir publicaciones de otras personas, algo que es imposible en Instagram. Si alguien comparte una foto que me gusta, quiero poder compartirla. Si alguien comenta algo, quiero poder dialogar. O incluso compartir unos momentos de ocio a través de un juego social. Si, ya sé que son tonterías, pero ese «roce» es el que favorece las relaciones personales y no renuncio a esos momentos, ya que si tienen la cuenta vinculada, veo las actualizaciones de Instagram en el muro de Facebook.

Instagram se me queda, entonces, para lo que yo creo que era la intención de sus creadores: una red social en la que puedes seguir a gente creativa que comparte su trabajo o su día a día, pero con la que no tienes ninguna relación. Por ejemplo, hay un fotógrafo llamado Gary Miller cuyo trabajo me gusta bastante. Podría seguirle por Twitter o por DeviantArt, que son otras redes sociales para creativos en las que me muevo, pero es necesario que dejemos de dispersar nuestra atención en una especie de obsesión por la presencia guay en todas partes. También me gusta mucho Anton Belovodchenko, y le sigo por 500px que es una red que permite apreciar más la calidad del trabajo.

Tampoco pretendo dar ejemplo de lo que tienen que hacer los demás. Yo uso las redes sociales para mi trabajo y le doy un enfoque a su uso totalmente práctico, lo que no excluye que haya un pequeño ámbito para ciertas amistades. Por tanto… Facebook para charlar e interactuar con la gente, Instagram para seguir a creativos con los que no tengo contacto.

Dentro de dos años habrá revisado esta política 3 veces, porque vivimos en un mundo en continua evolución. Pero hay que encontrar un equilibrio entre la utilidad que le damos a las herramientas que nos brinda la tecnología y la invasión de nuestro tiempo e intimidad que supone la omnipresencia en 32 foros, grupos y redes sociales.

Y además, para la amistad de verdad, el mejor chateo es en la barra del bar. ¿O no? 🙂

 

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No haces clave baja, es que está oscuro

En estos tiempos de de narcisismo inagotable, una de las manías más irritantes es la de esos «fotógrafos» que ponen una foto claramente subexpuesta, casi a oscuras, y ante cualquier comentario que pueda señalar lo evidente (está oscuro) saltan con la réplica fácil: «es que es ‘low-key’«. No tío, no… Está oscuro.

La fotografía de clave baja es uno de los recursos más agradecidos para el retrato dramático y otros estilos como la narrativa «noire». La escena inicial de El Padrino, en la que Don Corleone recibe a sus invitados en un despacho casi en penumbra para atender sus peticiones, es un prodigio de iluminación en clave baja. Todos los rostros desprenden dramatismo: el enterrador Bonasera narra entre desconsolado e iracundo la ofensa que ha recibido su hija: unos malnacidos quisieron abusar de ella, pero no se rindió, peleó, la golpearon, tiene hierros en la boca, denunció a la policía, pero el tribunal se rió de nosotros, dejó la sentencia en suspenso, quiero venganza, que sufran, como sufre mi hija. Corleone emerge de las mismas sombras, atento, escucha: ¿Qué quieres de mi? Si hubieras mantenido mi amistad, esos que ahora ríen tendrían miedo, porque yo hago mías las ofensas a mis amigos.

Estamos metidos en la historia; la clave baja centra nuestra atención en ciertos elementos, destaca la textura de la piel y los materiales retratados porque el efecto suele crearse con una iluminación lateral que destaca todos los relieves. Es una técnica, como decía hace un momento, excelente para el retrato, como el magistral trabajo que hizo Yousuf Karsh con Jean Sibelius, una de las fotografías que siempre cito en mis cursos y talleres cuando trato estos temas.

Mira la foto y verás la efectividad con la que el fotógrafo nos transmite la intensidad del carácter de Sibelius, músico, compositor, violinista de éxito, pero también una persona de temperamento fuerte, entregado a la bebida y los excesos en algún momento de su vida, sumido en el estancamiento creativo en otro. Ese carácter tempestuoso queda recogido en una foto hipnótica. Pero claro, Karsh era mucho Karsh, un retratista excepcional y no un papanatas de los que tanto abundan hoy por redes sociales, dando clases de fotografía cuando no tienen ni idea de lo que hablan.

Porque el mayor problema que tenemos no es medir mal o que nos salga subexpuesta una foto, sino la absoluta incapacidad de la masa de fotógrafos aficionados para admitir una crítica, para aceptar algo tan simple como que no, que eso que has hecho no es clave baja. Es que está oscuro.

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Cómo aprovechar los trolls a tu favor

No sé si sabes qué es un troll de Internet. Si tienes algo de experiencia en redes sociales o foros, habrás visto que hay un tipo de usuario que de vez en cuando salta y provoca una avalancha de comentarios negativos y de mal rollo por donde quiera que van. Eso es un troll. En general es mala gente y conviene evitarlos, pero hay una forma de aprovecharlos a tu favor. A ver qué te parece…

Vamos a empezar por ponernos de acuerdo en qué es un troll y como diferenciarlo de alguien que simplemente quiere debatir contigo, defendiendo una idea contraria a la tuya. El troll se diferencia por algunos detalles importantes:

  1. El troll es un mediocre. Suelen estar en foros especializados porque les gustaría llegar a ser algo, por ejemplo en fotografía o senderismo, pero ni saben hacer una foto en condiciones ni orientarse del parque a su casa sin ir dados de la mano con alguien que tenga más habilidad que él.
  2. Tienen que opinar de todo. Su mediocridad suele ir pareja al convencimiento de que saben más que todo el mundo. Por eso tienen que dejar una nota por todas partes, normalmente una crítica negativa, en la que dan a conocer una opinión que nadie les ha pedido.
  3. No persiguen nada constructivo. Si te fijas bien, los trolls no persiguen nada bueno. Se limitan a esparcir suspicacias, críticas, insultos, ofensas, pero nada constructivo. Es lo que que se llama «gente tóxica».
  4. El troll es una víctima profesional. Es como el matón del patio de colegio. Si piensa que los demás no van a responder a sus ataques, todo va bien. Pero si le respondes, malo. Uy y si le pones en su sitio entonces eres un fascista, machista, patriarcal, opresor… hasta del PP. Vamos. Lo peor. Te has atrevido a contrariar su sagrado derecho a ofender a todo el mundo.
  5. El troll es un cobarde. Huyen del enfrentamiento frontal. Su especialidad es abrir hilos alternativos en otros foros o redes sociales en los que hablan mal de ti y exponen su versión de los hechos, en la que siempre eres un miserable hijo de puta y ellos unas víctimas incomprendidas, defensoras de los mejores valores de la humanidad.

Por cierto, digo «el troll» en neutro, pero hay trolls de ambos sexos. No voy a caer en gilipolleces de nuestro tiempo, como decir «miembros y miembras» o «trolles y trollas».

Un amigo me dijo hace tiempo una frase fantástica: «esta chusma son como vampiros, no soportan la luz del día». Si expones sus debilidades, fallos, mala baba y contradicciones a las claras, lo van a pasar fatal, cogerán unos cabreos enormes y buscarán venganza, tratando de hacerte un auténtico linchamiento público, insinuando por ejemplo que eres cómplice de los crímenes del nazismo o lo que se les ocurra.

En general, lo mejor que se puede hacer con esta gente es bloquearles. El problema es que al hacerlo no puedes ver lo que dicen de ti y suelen aprovechar eso para tratar de perjudicar tu imagen. Son de los de atacar por la espalda, nunca de frente. No voy a defender de ninguna forma enzarzarse con esta gente. No merece la pena y como os digo lo que suelo hacer es bloquearles. Pero en esta vida hay que aprender a afrontar los problemas y quiero compartir algo que a lo mejor te ayuda.

Como te decía antes, si respondes a un troll y demuestras que es un imbécil, lo normal es que se revuelva y busque toda la mierda posible para vengarse y ponerte a parir. Aunque no te lo parezca, esto es algo que puedes utilizar a tu favor y responder de una forma demoledora para cerrarles la boca.

Hace poco, por ejemplo, un inútil de esos que abundan por los foros de fotografía comentó una de mis publicaciones un montón de insinuaciones y acusaciones. Nada sustancial, chorradas sin fundamento, pero que dichas de forma aislada y sin réplica podían dar una imagen cuestionable. Y es que esa es la intención de esta gente: malmeter, lanzar algo provocador que inicie un intercambio de mensajes acalorados para «secuestrar» el post y conseguir su propósito, que no es más que «trolear».

Una de las acusaciones era que tengo muchos sitios abiertos por Internet, algunos con aspecto abandonado. La otra es que me negaba a dar información de mi editorial y eso era sospechoso. Párate un momento y piensa cómo le responderías. Puedes sentirte ofendido, responder, atacar, etc… Todo eso es un error, cualquier respuesta negativa alimenta al troll. Aquí está el secreto: dale la razón. Así, como suena. Un troll, que es un individuo mediocre e inútil en aquello que critica en los demás, puede ser un gran aliado para ti, porque se esfuerzan en buscar tus errores y fallos para avergonzarte. Cosas que a lo mejor habías olvidado que estaba por ahí.

En lugar de revolverte, valora la acusación y pregúntate si tiene algo de verdad. Si no es así, olvídalo. No le des importancia. Si es una acusación grave, haz copia y denunciale por injurias, claro. Pero en caso contrario, olvídalo. Piensa que la volatilidad de las publicaciones en Internet juega a tu favor. En un par de horas nadie verá eso y dentro de dos días es como si no existiera. No le des un prestigio y tiempo con una respuesta que no merece.

Pero, ay pero, si tiene algo de razón aprovecha la oportunidad para resolver ese asunto. Puede ser, como en este caso, algo que dejaste a medias o un error que cometiste. El troll lo ha sacado a relucir para ponerte verde, pero puedes darle la vuelta si muestras humildad, reconoces el error y te propones arreglarlo. Si ese arreglo tiene forma de página web o puedes incluir un enlace demostrando lo que has enmendado, mejor. Cállale la boca. ¿Qué puede pensar nadie de ti con una respuesta así? Pues que cometes errores, como todo el mundo, y que tienes humildad para corregirlos. Todo lo contrario del troll que te ha acusado y que quedará como un imbécil (lo que es) sin oportunidad de réplica. Un troll, por su propia psicología, es incapaz de reconocer un error. Y al emperrarse en defenderlos consigue lo contrario que pretendía.

¿Que tengo sitios un poco abandonados? Es cierto. A menudo soy víctima de un exceso de entusiasmo y muchas veces lanzo ideas a las que dedico 3 o 4 días de esfuerzo intenso y luego abandono durante meses o años. Y claro, se nota que el sitio está muerto. Debería repasarlos de vez en cuando y cerrar los que no avanzan, decidiendo si es una idea que puedo retomar o abandonar definitivamente.

¿Que doy poca información de mi editorial? Es cierto. La monté hace 4 años para sacar adelante mi propio trabajo, ante la caída del modelo editorial de revistas y publicaciones periódicas. Es una pequeña empresa, con pocos proyectos y no la tengo para fardar, sino para rentabilizar mi trabajo. Pero es cierto que existe, que está ahí y que factura todos los meses un dinerillo en libros. Si no doy más detalles a menudo es por no ir de fantasma. Digo «la editorial en la que trabajo» y no «mi editorial» para no molestar. Y, por cierto, su sitio web es uno de los que tengo abandonados, a ver si lo arreglo.

Por desgracia hay muchos trolls en los foros de fotografía, gente que cumple todos los requisitos que te he dicho antes: no saben hacer fotos, no aportan nada bueno, pero están al tanto de las conversaciones de los demás para meter cizaña cuando pueden, respondiendo de forma muy agresiva si les cuestionas. Mi sugerencia es esta; bloquéalos siempre que puedas y valora, de vez en cuando, que a lo mejor te están señalando algo que mejorar. Te calentarás menos la cabeza y mejorarás tu imagen pública. ¿No te parece? Por mi parte, voy a ver si pongo al día la web de MI editorial 😉

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Cinco reglas para hacer una buena crítica de fotos

La única forma de mejorar es aceptando la crítica de otros. Si sólo prestamos oído a los halagos, nunca nos superaremos, por lo que es importante que alguien nos llame la atención sobre los errores que cometemos. El problema es que la crítica es un juego que debe tener reglas para los dos lados: el que la recibe tiene que estar predispuesto a aceptarla y el que la escribe tiene que saber cómo hacerlo.

Hace tiempo comenté en otro artículo que uno de los grandes males que azotan la fotografía hoy en día es la casi completa alergia que tienen los aficionados (y muchos profesionales) a la crítica. Es casi imposible emitir una opinión distinta del halago baboseante que rebosan las redes sociales, con expresiones que no salen de «fotón», «eres un maestro» y vaciedades por el estilo. Si dices algo distinto, la respuesta suele oscilar entre el enfado mal disimulado y el ataque furibundo salpicado de todo tipo de insultos.

Claro que también hay que decir que para poder aceptar una crítica, ésta tiene que estar bien hecha y, por lo general, las críticas son más una forma de ataque personal que un juicio serio sobre el trabajo y la técnica empleada. Seguro que tu mismo has tenido experiencias en este sentido y podrías contarme unas cuantas experiencias.

La única forma de solucionar esto es que cada uno de nosotros intentemos mejorar nuestra forma de criticar, contribuyendo al buen ambiente en los foros. Para eso tenemos que dejar de hacer juicios fotográficos y empezar a hacer críticas fotográficas. Aquí van una serie de sugerencias para que mejores las tuyas.

Primero. Una crítica no es una opinión de gusto

Cuando hagas una crítica no te limites a decir si la foto te gusta o no te gusta. La verdad es que eso es lo menos importante y más bien hay que determinar con qué eficacia ha conseguido el fotógrafo plasmar la imagen que tenía en la cabeza. Es decir, las fotos se hacen primero en la cabeza y luego se intentan plasmar de acuerdo a una técnica, ya sea con la cámara o con el laboratorio (químico o digital). Por eso al hacer una crítica es importante que eches un vistazo al resto de fotografías del mismo autor, para intentar averiguar sus temas, tendencias, motivaciones y estilo en general. Lo que en una foto aislada puede parecer un accidente, en una serie puede revelarse como una tendencia.

Si no tienes claro el tema de la foto intenta hablar con el autor y preguntarle qué es lo que pretendía; en la mayoría de foros y redes sociales esto no va a ser un problema. Si te responde que no lo sabía o que está probando tal o cual técnica con el Photoshop, entonces ya no hay más de qué hablar. No se trata de una foto sino de un ejercicio y carece de valor creativo. Los ejercicios se corrigen. Las fotos se critican.

Si, por el contrario, te explica un poco su proyecto o la temática en la que está metido y qué quería reflejar, entonces podrás valorar su dominio de la técnica para transmitir su visión. Estamos en el buen camino ya que no juzgarás a la persona, sino su obra.

Segundo. No compares su foto con las tuyas

Un fallo continuo en las «críticas» que me encuentro es que los que las escriben no valoran realmente la foto que están comentando, sino que la comparan con lo que ellos habrían hecho. Y eso es como hablar con una pared. El fotógrafo original no quiere hacer las fotos como tu, no caigas en ese error. El quiere contar su propia versión del mundo, plasmar su propia visión de las cosas. Si enumeras los puntos en los que su resultado difiere del tuyo no le ayudas en nada. Así que olvídate de cómo haces tu las fotos.

Yo conozco a mucho fotógrafos a los que tengo aprecio, pero a los que nunca seguiría en su técnica. No me convence. No me gusta. Pero que no me guste o no sea lo que yo hago no me impide apreciar el esfuerzo y trabajo que tiene lo que hacen. Tienes que valorar su trabajo, no compararlo con el tuyo.

Tercero. Sólo se puede criticar desde el conocimiento

Si admitimos lo anterior como cierto, entonces una buena crítica sólo es posible desde la experiencia y el conocimiento. Pero esto no debe retraerte, sino todo lo contrario. Si ves una foto y aparte de decir si te gusta o no te gusta no sabes qué más decir, es que tienes mucho que aprender y eso debe animarte a coger libros, tomar cursos, ver vídeos y practicar un montón hasta que sientas que empiezas a comprender lo que haces.

No estoy diciendo que sólo los profesionales o los genios de la fotografía tengan derecho a criticar, pero sí quiero llamarte la atención sobre la tendencia actual a que todo el mundo lance lo primero que se le pasa por la cabeza, sin pensar mucho en ello. Eso no es crítica, es una ocurrencia y no merece la pena perder el tiempo con ella. El amor propio, el cariño a tu afición o profesión, sea la que sea, es lo que debe animarte a aprender. Poco a poco irás cogiendo confianza y haciendo mejores críticas, porque tendrás más criterio con que hacerlas.

Cuarto. Habla con una sola persona, no con el grupo

Hay por ahí una anécdota que se adjudica a Sócrates, relacionada con los tres filtros de la sabiduría. Un alumno va a contar un chisme a Sócrates y, antes de que abra la boca, éste le pregunta si ha pasado los tres filtros: «lo que vas a contarme ¿Es cierto? ¿Es bueno? ¿Es necesario? Si no es cierto, ni bueno ni necesario, mejor no me lo digas». Pues algo así pasa con las críticas.

Ante todo, y puede que te choque esto, plantéate para qué haces críticas. Si es para demostrar que sabes más que los demás miembros del foro… posiblemente no sea cierto y desde luego no es necesario. Una crítica no se hace «para la audiencia» sino para una sola persona: el autor de la foto. Escríbela como si le tuvieras al lado y sólo si lo que vas a decirle es para dar un consejo que le ayude a mejorar. Decir que la foto no te gusta es una chorrada. Alardear de lo mucho que sabes posiblemente ponga en evidencia lo mucho que ignoras. Pero si has cometido algún error en el pasado y lo identificas en la foto, por ejemplo poner un balance de blancos automático en estudio, díselo de manera personal, compartiendo tu experiencia. Eso te hará escribir de una forma mucho más amable y útil.

Quinto. Aprende a retirarte

Recuerda que la crítica sólo es útil si te ayuda a crear un círculo de relaciones en donde todos quieran aprender y mejorar, en donde haya un sano deseo de avanzar y aceptar las opiniones de los demás. Todo lo demás, como coleccionar «likes» o «followers» es una pérdida de tiempo. Por tanto, en cuanto detectes el más mínimo problema, en cuanto veas que alguien responde mal o que trata de quedar por encima, que te ataca personalmente, apártate de inmediato. No lo dudes. Y si puedes, bloquea a esa persona en todas las redes sociales donde te lo puedas encontrar.

¿Te parece radical? La tranquilidad no tiene precio y no debes convertir una opinión en motivo de dolores de cabeza, enfrentamientos o broncas. Piensa en tu círculo de Facebook, 500px o cualquier otra red social como el bar donde te tomas cañas con los amigos, el sitio al que vas a charlar de manera distendida y cordial. Si alguien rompe esas premisas, échale, no le vuelvas a invitar, no permitas que te estropee el ambiente. No ganas nada. Recuerda ¿para qué estás ahí? Para aprender y compartir una afición, no para discutir. Por tanto, apártate de la «gente tóxica» lo antes posible. Y el bloqueo es una forma muy eficaz de que no te vuelvan a molestar.

Ante todo, no te dejes arrastrar a una guerra de insultos o barbaridades. No ganas nada, tu imagen pública se deteriora y cuando termines pasarás varios días recordando el mal trago. Incluso si ganas. No merece la pena.

Quizás pensabas que los consejos que te iba a dar irían sobre aspectos técnicos del análisis de fotografías. Verás que no ha sido así pero, a pesar de ello, espero que hayas encontrado utilidad en estas sugerencias. Otro día, si te parece, hablamos de cómo abordar el lado técnico. Antes me ha parecido mejor empezar con esto porque seguro que habrás identificado patrones de conflicto que te has encontrado y que se pueden evitar con facilidad:

  • Criticar no es decir si te gusta o no la foto, eso es una trivialidad.
  • No analices la foto a la luz de lo que harías tu, cada persona es distinta.
  • Habla desde el conocimiento. Quizás una foto te llame la atención sobre tus propios fallos.
  • Piensa muy bien qué utilidad tiene tu crítica y hazla sólo para ayudar, no para lucirte.
  • Se prudente. Siempre y en cada paso se prudente, cortés y amable. Y al más mínimo problema, déjalo pasar. Una retirada a tiempo es una victoria.

Dicho todo lo anterior, no pasa nada por decir si una foto te gusta o no. Siempre que no sea lo único que dices 😉

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Qué es la fotografía de boudoir

boudoir-1Si el mes pasado veíamos que «glamour» se utiliza a menudo como sustituto de «desnudo» para disimular un poco las intenciones, «boudoir» es otro de esos términos que se usan de forma indiscriminada para cubrir un amplio número de estilos que no tienen nada que ver con el boudoir original.

En su origen «boudoir» es una palabra francesa que se refiere al cuarto privado de las mujeres de cierta posición social, a medio camino entre un vestidor y un tocador, en el que tienen cierta intimidad para su cuidado y arreglo personal. Hablamos de un término que aparece en torno al S.XVII y que podemos asociar a la nobleza o a mujeres de cierta posición que cuentan con personal de servicio para que las vistan, peinen o maquillen. Bien, pues el cuarto en el que se hacían esas cosas, en el que la mujer podía aislarse del mundo para cepillarse el pelo, cambiarse o echar una siesta a media tarde, era el «boudoir».

La fotografía de boudoir, y antes la pintura de boudoir, retrata ese ambiente y ha evolucionado para salir del cuarto privado y abarcar todos los ámbitos de la vivienda. No importa si estamos haciendo la foto en el dormitorio o en la cocina, como ocurre con la foto que ilustra este artículo. Lo que importa es el ambiente: íntimo, con una modelo sumida en sus pensamientos o aislada del mundo, con ropa cómoda y con iluminación natural.

Siempre hay un componente de «voyeurismo», de mirada indiscreta en la fotografía de boudoir, ya que estamos invadiendo a escondidas un ámbito privado. Es decir, la modelo es ajena al espectador, está a sus cosas, disfruta de un momento de tranquilidad en el que puede quitarse los zapatos, apoyar los pies en un cojín y dejarse la blusa desabrochada para recostarse un momento. O puede estar peinándose con tranquilidad, más atenta a sus propios pensamientos y al efecto relajante del cepillo que al propio acto del peinado. Si la modelo nos mira, será una mirada accidental, la de alguien que te ha sorprendido espiándola en un momento de intimidad.

boudoir-2En cuanto al desnudo, el boudoir no tiene nada que ver con el desnudo o, como me comentaba hace poco una modelo, con el erotismo. No hay ninguna connotación sexual en el boudoir, más que la que el espectador quiera darle. Pero desde el punto de vista de la modelo la respuesta al desnudo es tan simple como plantearse cómo esta ella en casa. ¿Cómo estás cuando sales de la ducha y te aseas, o cuando llegas de un día de trabajo y te tiras en el sofá, o cuando te levantas un domingo por la mañana y te apoyas en la ventana para mirar el tiempo que hace y haces tus planes para el día? Hay mujeres que andan por casa en camisón, otras en camiseta, otras completamente desnudas… El boudoir no refleja más o menos desnudez, sino un estado de comodidad e intimidad.

Ese «ambiente» es lo que le da a la fotografía de boudoir y a los desnudos de boudoir un toque de inocencia y tranquilidad que han hecho que sea un estilo muy popular entre todos los públicos. La misma persona que podría sentir rechazo por el desnudo explícito no lo tiene por el boudoir, a menudo sin saber por qué. La razón es por la ausencia de provocación.

A continuación encontrarás un enlace a varios ejemplos de fotografía de boudoir, uno de los estilos que más me gustan. Si quieres consultarme cualquier cosa relacionada con este concepto, envíame un mensaje a través del formulario de contacto.


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Qué es la fotografía de glamour

glamourCreo que «glamour» es una palabra de la que se abusa mucho en fotografía, la mayor parte de las veces para decir «quiero hacer fotos de desnudo, pero no quiero que pienses que soy un salido». Así que si en lugar de decir «desnudo» dicen «glamour», la cosa queda como más artística.

El problema es que el glamour no tiene nada que ver con el desnudo, sino con lo inalcanzable. El glamour es lo selecto, lo elitista, aquello a lo que aspiras pero no puedes llegar porque está fuera de tu mundo. Para mí la mejor foto de glamour es un retrato de Marilyn Monroe. Y es un retrato, no se ve nada más que su rostro. Pero vaya rostro y vaya foto.

Para entender la connotación que debe tener el glamour, debes pensar en las fotos que se hacían las estrellas de cine en la época dorada de Hollywood, en la primera mitad del S.XX, cuando estrellas como Vivien Leight o Veronica Lake aparecían en las revistas de sociedad idealizadas con trajes rutilantes de lentejuelas. Esa imagen, que precisamente se asociaban a algo conocido como el «glamour de Hollywood» retratan una existencia alejada de lo cotidiano, de lo terrenal. Las estrellas eran casi dioses a los que se adoraba en la distancia.

La actitud de la modelo en el glamour debe ser la de distanciamiento o desdén. A diferencia del boudoir, la modelo puede ser consciente de que el observador existe, pero le da lo mismo. Es como si no estuviera ahí o como si le proporcionase un placer perverso provocarle. Helmut Newton es un fotógrafo de glamour excepcional, ya que retrata como nadie ese aura de «distanciamiento».

Otro elemento que ayuda a distinguir el glamour de otras «ocurrencias» es que siempre es elegante. Como decía alguien «el glamour no consiste en ser percibido, sino en ser recordado». Mira de nuevo el retrato de Marilyn que he incluido un poco más arriba y piensa que esa mirada, ese gesto, es inmortal. Marilyn será siempre recordada en sus encarnaciones de rubia peligrosa o tontuela en Niágara o Los Caballeros las Prefieren Rubias. Marilyn es glamour, así de fácil. Y no hace falta que enseñe nada de su cuerpo con sensualidad o lascivia para conseguirlo.

Entonces ¿puede un desnudo ser glamour? Por supuesto, no hace falta más que echar un vistazo a las producciones de Playboy de los años 80 y 90 para ver estupendos desnudos de glamour. Porque esos reportajes en villas y entornos de ensueño, esos muebles, esas luces, son todo el retrato de una existencia ideal y lejana, pero no porque la modelo esté desnuda, sino porque posa en un entorno idealizado al que la mayoría de las personas no podrán acceder jamás.

En esta sección encontrarás algunas ideas de glamour. Puedes ver más si visitas el tablero de Pinterest con el enlace que hay al final. Si quieres consultarme cualquier cosa relacionada con este concepto, envíame un mensaje a través del formulario de contacto.


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Dos preguntas sencillas para saber si un curso de fotografía merece la pena

Tengo alumnos que de vez en cuando me preguntan sobre qué opino de tal o cual curso y qué criterio pueden seguir para saber si merece la pena. Uno de los puntos sobre el que siempre les llamo la atención es que si en la publicidad del curso se pone «impartido por tal persona» que intenten evitarlos.

Creo que la formación en fotografía tiene dos grandes problemas. El primero es que muchos fotógrafos que se habían acostumbrado a vivir bien con la prensa, se han encontrado en los últimos años con una situación de pérdida de ingresos importante. ¿Cómo solucionarlo? ¡Dando clases! Lo malo es que esta gente en realidad no sabe dar clase y de hecho no da clase. Cada vez que veo una convocatoria de «Taller de iluminación impartido por Fulanito» ya sé que no es un curso, sino un cónclave de adoradores de Fulanito. No van a aprender, sino a adorarle. Y él no va a enseñar, sino a que le adoren.

Si estás buscando un curso, ten en cuenta que lo más importante de la formación no es quien lo imparte, sino quien lo recibe. Es decir, el objetivo no es reconocer que tal o cual fotógrafo lo hace muy bien, sino que cuando termines las 4, 8 o 20 horas que dura el curso seas tu el que ha conseguido aprender una técnica con la que pueda realizar sus propias fotos.

Podrías decirme que es importante tener buenos formadores y estoy de acuerdo. Si la publicidad hiciese referencia al formador porque consigue que los alumnos hagan buenas fotos me parecería genial, pero no es este el señuelo que se suele utilizar. El anuncio no se basa en los resultados que consiguen los alumnos, sino en el supuesto prestigio o éxito que tiene el que lo imparte. Es decir, vas a una ceremonia de adulación y pagas entrada por ello. El muestrario de fotos que pueda enseñarte el formador de un curso no debe servir para que le adules, sino para que él te demuestre que entiende la técnica que pretende enseñar.

¿Entonces no hay nada que aprender de los demás? Por supuesto, constantemente. Yo no dejo de fijarme en el trabajo de otros fotógrafos y de preguntarme cómo rayos conseguirán tal iluminación o cierta variedad de poses. Pero en mi experiencia los fotógrafos más profesionales son los más discretos y si hablan de su técnica es de forma muy excepcional. Suelen estar más ocupados en su trabajo que en buscar el reconocimiento o la adulación de los demás.

El segundo problema es que muchos de los «fotógrafos» que dan cursos y talleres hoy en día tienen poco que enseñar. La fotografía es el arte y técnica de recoger imágenes duraderas mediante la captación de la luz, que es distinto a la ilustración. Y poco tenemos que aprender sobre fotografía de alguien que no tiene ni idea de cómo usar un fotómetro o que no sabe lo que es la temperatura de color.

Vivimos en una época en la que la gente no sólo es alérgica a la crítica sino también al esfuerzo a largo plazo. Conseguir entender la luz o cómo trabajar con ella son cuestiones muy complicadas, que llevan años de trabajo, pruebas y estudio. La gente hoy no quiere dedicar años a nada. Lo que se quiere es coger cualquier cámara, disparar y conseguir la aprobación y adulación inmediata de los demás, esos comentarios absurdos que leemos en redes sociales en los que juicios superficiales quedan rematados por la palabreja «fotón», aplicada a imágenes horrorosas.

Pregúntate para qué haces fotos. ¿Para expresar tu creatividad o para conseguir el reconocimiento de los demás? Casi siempre le digo a mis alumnos que fotógrafo es el que pasea por la calle y, de vez en cuando, siente la irresistible necesidad de parar y captar un rincón, un momento, una luz con lo que tiene a mano. Hace años era con una cámara de película y hoy es a menudo con el móvil y tan buenas son unas como otras, porque en fotografía la técnica es secundaria. Lo importante es la visión del mundo que tu aportas con los medios a tu alcance. La formación es lo que haces para conseguir dominar, poco a poco, esa técnica.

Claro, es un camino largo. Es mucho más fácil disparar a cualquier cosa y conseguir un resultado efectista con el filtro «guevings» de Instagram o 14 capas de efectos en Photoshop. Si me dijeses que esa imagen es la que tenías en la cabeza ANTES de disparar, me parecería perfecto que utilizases todos los medios a tu alcance para conseguirla, incluídos filtros y capas de Photoshop. Pero, ya hablaremos de esto en otra ocasión.

De momento, déjame que resuma estas reflexiones en dos ideas muy sencillas. ¿Cómo puedes saber si un curso merece la pena? Hay dos preguntas muy sencillas que puedes hacerte:

  • Primero, ¿la convocatoria propone una técnica o un conocimiento que va a ayudarme a mejorar mis resultados? Si es así, adelante. Si no es así, si el objetivo del curso o taller es cualquier otra cosa que no sea que TU mejores tus resultados, déjalo de lado. Hay muchas exposiciones a las que puedes ir para aprender más fotografía que en muchos de esos cónclaves de aduladores.
  • Segundo, ¿el ponente te demuestra mediante su portafolio que controla la técnica de la que habla? Analizar el trabajo de un fotógrafo es complicado, pero hay detalles en los que puedes fijarte. El más fácil es tratar de buscar su sitio web o su página profesional y ver si de forma consistente consigue, una y otra vez, buenos resultados en esa técnica. Si el portafolio se extiende sólo unos pocos meses atrás o tiene demasiadas variaciones, no sigas.

No tienes ninguna garantía de que un formador sea bueno o malo por adelantado, ni siquiera las críticas de otros, que pueden estar basadas en su afinidad personal o en criterios distintos a los tuyos. Pero con esas dos cuestiones que te planteo puedes decidir si asistes por las razones correctas: tu mejora continua como fotógrafo.

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La innecesaria sexualización del fitness

Algo raro está pasando cuando un día te sorprendes torciendo el gesto al ver otro de esos vídeos de porno-fitness, en el que una chica con escasa ropa hace como que da consejos de fitness y nutrición, mientras menea el trasero con un culotte tan ajustado que apenas puede doblarse.

Que hay una cierta relación entre el fitness, el marketing y el abuso de la imagen femenina no es algo nuevo ni es de ahora. Ya en los años 80 y 90 se produjo un “boom” de un cierto tipo de porno-fitness “light”, con decenas de vídeos en formato VHS en los que algunas modelos y actrices conocidas nos daban clase desde el televisor con unas mallas bien ajustadas. Denise Austin o Jane Fonda son mujeres que se han hecho de oro vendiendo este tipo de producciones y a veces te preguntas si el público al que estaban destinadas era más masculino que femenino, dado el diseño, la indumentaria y los primeros planos que solían tener.

Pero es que abro el correo, me llegan las actualizaciones de YouTube y veo un primer plano de una chica de poco más de 20 años, que con el pretexto de mostrar cómo se hace un ejercicio de glúteos, nos muestra con todo detalle la anatomía de sus piernas, desde todos los ángulos posibles. Alguien decía que es difícil definir el mal gusto, pero que sabía reconocerlo cuando lo veía. Mira la imagen de portada de este artículo y dime si no tienes una cierta sensación de que “se han pasado”, de que esto empieza a dejar de ser un vídeo de fitness y empieza a parecerse a un vídeo porno de mal gusto. Quizás sea muy fuerte decir “porno”, pero que hay más de erotismo y sexualización que de ejercicio no me cabe la menor duda.

Todo esto me viene a la cabeza porque en estos días estoy teniendo algunas reuniones con una modelo para definir su imagen profesional, como parte de su campaña de marketing. Tanteábamos la posibilidad de incluir el perfil de bikini-fitness en su repertorio de trabajo, pero me comentaba el temor de que eso pudiera perjudicarla en su carrera a largo plazo, ya que su verdadero objetivo es el mundo de la interpretación.

20160414-porno-fitness-1Claro, yo pienso en “bikini-fitness” y me vienen a la cabeza un montón de imágenes de mujeres bonitas y atractivas. Incluso puedo aceptar que haya una cierta sensualidad en muchas de las poses que solemos ver en este sector, pero no veo en ello nada malo. En ese momento me doy la vuelta, veo el precioso reportaje que sacó la revista Shape en noviembre de 2015, con fotografías de Sarah Kehoe, y me doy cuenta del problema que tenemos delante.

Que hay un proceso de “sexualización” del deporte femenino, es algo evidente de lo que se está empezando a hablar mucho. En los últimos meses he leído artículos en este sentido en blogs, como fitnesslibre.com, o medios más organizados, como el huffingtonpost.com. Que este proceso afecta a las modelos y atletas que se acercan a estas áreas de trabajo, es inevitable. Pero ¿dónde está el límite entre retratar o trabajar con una modelo para mostrar un cuerpo en buena forma y abusar de la sensualidad femenina?

Mira de nuevo la imagen de apertura. La modelo se llama Amber Nimedez y se define a sí misma como terapeuta especializada en fitness funcional y alineamiento (lo que sea que signifique eso). También ha sido Miss Fitness de las islas Hawai y trabaja como modelo de bikini. Todo perfecto. Pero ¿de verdad que la mejor forma de enseñar unos ejercicios de estiramiento es ponerse con el culo en pompa, un culotte de una talla menor a la tuya y abrir las piernas para enseñar lo que los americanos llaman “cameltoe” (las jorobas) o por aquí llamamos “el hachazo”? ¿No había un enfoque mejor? ¿No hay algo más didáctico?

La serie “Big Booty Workout Challenge” del canal Bikini Model Fitness en YouTube tiene una gran popularidad y es más de lo mismo. Semana tras semana se explaya en enseñarnos cómo hacer ejercicio de glúteos con modelos descalzas que llevan la braguita por la mitad del cachete.

Que el deporte es sexy, nadie lo duda. Hay un encanto animal en ver a una persona, ya sea hombre o mujer, bien formado, ligeramente musculado, en forma y capaz de realizar ejercicios físicos de cierta exigencia. Y no hay nada malo en ello, forma parte de nuestra belleza como seres humanos. Creo que el trabajo que hace la revista bodybuilding.com año tras año con su especial “Bodies of Work” es una preciosidad de trabajo sobre el desnudo artístico, con varios atletas de ambos sexos. Y me encanta el trabajo de modelos consagradas como Jamie Eason o Janet Layug.

No vamos a poder parar esto, entre otras cosas porque no “hace falta” pararlo. Cada cual es libre de hacer lo que le dé la gana. Puede que sea de mal gusto, pero no por eso hay que perseguirlo o censurarlo. Lo que sí puedo hacer desde mi página es usar la misma libertad de expresión para defender que una mujer puede ser fitness, puede ser bonita o sensual, puede ser modelo sin necesidad de abrir las piernas y mostrar el “hachazo”.

Esto no quiere decir que tenga nada en contra de las modelos eróticas o de desnudo. Es un trabajo perfectamente válido y si alguien me pidiese consejo sobre cómo orientar su carrera en ese sentido, se lo daría con la misma eficacia e interés que cuando me preguntan cómo ser modelo de pasarela. Pero por alguna razón me produce un cierto malestar esta tendencia. ¿Modelo de fitness? Perfecto. ¿Modelo de desnudo? Perfecto. ¿Modelo de bikini? Perfecto. ¿Modelo erótica? Perfecto. No estoy hablando de caminos prohibidos en tu carrera, sino de buen gusto. Como digo a menudo desde estas líneas, no es el desnudo lo que te va a perjudicar, sino la vulgaridad. Y estas cosas… definitivamente no son de buen gusto.

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